Los "mitos" con los que justifican los feminicidios en el triángulo norte centroamericano

Publicado el Miércoles, 16 de Septiembre del 2015 en Centro de Prensa, Noticias Internacionales El Espectador

Los "mitos" con los que justifican los feminicidios en el triángulo norte centroamericano
Tan solo cerca del 20% de los casos de feminicidio son judicializados en esta zona. Pese a la gravedad del problema las autoridades poco o nada hacen para reducir los altos índices. Foto: El Espectador
Siete años después de que fue abatida a tiros por un desconocido en La Pradera, un barrio marginal en la zona este de San Pedro Sula, Honduras,  la muerte de Keyla Sarahí Zelaya, de 16 años, permanece en la impunidad porque la policía del país centroamericano afirma que “no era buena ficha y por eso la mataron”.

Zelaya, una joven comerciante y madre de un bebé, fue una de las 295 mujeres hondureñas asesinadas en 2007. Por cuenta de este prejuicio, su caso se suma al de miles de mujeres asesinadas que permanecen sin justicia. "Cerca del 96 o 97% de casos de feminicidios están en la impunidad y eso es un terreno fértil para que en Honduras más mujeres sigan siendo asesinadas” asegura Carolina Sierra, del Foro de Mujeres por la Vida, en un informe especial publicado en la Plataforma de Periodismo Latinoamericano Connectas.

La situación no es muy diferente en El Salvador y Guatemala. En 2013, un total de 1,612 mujeres fueron asesinadas en los tres países que conforman el Triángulo Norte centroamericano. Pese a la gravedad del problema, las autoridades poco o nada hacen para reducir los altos índices de feminicidios. Más bien en torno a estas muertes se han ido tejiendo una serie de argumentaciones o "mitos" que pretenden justificar la violencia contra la mujer, o en última instancia buscan hacer creer que son situaciones imprevisibles y por tanto inevitables.

"Ella se lo buscó" es uno de los mitos con el que muchas veces las versiones oficiales dicen que si mataron a una mujer fue "porque andaba en la calle", porque "vendía drogas" o andaba con las personas equivocadas. De esta forma las autoridades se ahorran la investigación y mandan un mensaje de "esto no le pasará a usted".

Otros de los mitos apunta a que “el lugar más seguro para la mujer es el hogar". De día, Douglas Cuc Cruz, de 35 años, se ponía la nariz de payaso para contar chistes y hacer reír a los pasajeros de los autobuses del municipio guatemalteco de San Miguel Petapa a cambio de unas monedas. De noche, se transformaba en un tirano que golpeaba habitualmente a su esposa, Evelin Pacheco García, de 26 años. Ella denunció el maltrato ante las autoridades, en tres ocasiones solicitó medidas de protección que le fueron concedidas, y finalmente se separó de su esposo. Pero esto no fue suficiente para impedir que Cuc Cruz ingresara a su hogar la noche del 25 de julio de 2012, la golpeara y la estrangulara. Según un informe de los juzgados de Guatemala, de 39 sentencias dictadas en 2012, el 62 por ciento de los agresores eran parejas sentimentales de las víctimas y un 43 por ciento de las agresiones se produjeron en el lugar de convivencia común con el agresor o en el domicilio de la víctima.

Otros de los mitos reiterativos indican que "la violencia de género sólo ocurre en los barrios marginales", cuando la realidad es que la situación se repite cada vez más en la clase media y alta. De hecho, un informe publicado por la Organización Panamericana de la Salud basado en entrevistas con mujeres de 12 países de América Latina, entre ellos Guatemala, El Salvador y Honduras, muestran que la prevalencia de violencia por parte de la pareja era más alta entre las mujeres de los segmentos intermedios de riqueza, no entre los más pobres.

"¿Por qué hacer tanto ruido si están matando más hombres que mujeres?", otro de los mitos. Si bien es cierto que el número de hombres asesinados es mucho mayor que el de mujeres, es necesario tomar en cuenta que un alto porcentaje de las muertes violentas de mujeres son "femicidios", es decir, asesinatos que se producen en el contexto de las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres.  La impunidad en la violencia contra la mujer en Honduras, Guatemala y El Salvador es una constante, cuya realidad puede repetirse en varios otros países del continente.

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