Cuando Maribel sobrevivió al machismo

Publicado el Miércoles, 19 de Febrero del 2014 en Slides Home, Blog Campaña Nacional Contra los Femicidios

Cuando Maribel sobrevivió al machismo
Maribel sobrevivió al machismo, ese que arrebata a diario la vida de mujeres Hondureñas. Hoy requiere de apoyo. Foto: Jorge Cabrera
Texto: Francisco Pavón
Fotos: Jorge Cabrera

Las manos con las que Maribel elaboraba tortillas cada mañana le fueron arrebatadas violentamente por quien decía ser su compañero de vida. Sus manos, sus herramientas para el sustento de su familia, las cortó su pareja, pero ante todo fueron cercenadas por el filo del machismo, ese filo que arrebata cada 13 horas la vida de una mujer hondureña.

Una historia de violencia que se repite

Maribel y Francisco se conocieron hace 20 años cuando se construyó la represa de Nacaome al sur del país, una de las zonas más pobres de Honduras.  Desde pequeña tuvo que trabajar fuerte, siendo la mayor de 6 mujeres, 9 hermanas y hermanos en total, todas y todos bajo la tutela y el cuidado de su madre, Estanislada, quien los cargó a sus espaldas hasta donde pudo llegar. El padre de Maribel murió cuando tenía apenas 11 años, pero a pesar de las dificultades, el liderazgo de su madre les permitió seguir adelante, con el doble esfuerzo característico de las jefaturas de hogar femeninas.

Al finalizar la construcción de la represa, Maribel y Francisco quedaron sin trabajo y decidieron probar mejor suerte en la metrópolis capitalina. Su historia es la repetición cotidiana de miles de hondureñas y hondureños que se desplazan queriendo escapar de las penurias que ofrece la vida rural.

Al llegar a la capital ambos alquilaron una habitación en “Los Laureles”, una colonia empobrecida de Tegucigalpa, pero el Huracán Mitch de 1998 les llevó lo poco con lo que llegaron, más no su persistencia de conseguir su techo propio. Probaron mejor suerte en otra zona de la periferia de la ciudad, donde la pobreza y el “Mitch” desplazaron a miles de familias. Consiguieron un terreno en la colonia “Nueva Australia” el cual comenzaron a pagar con dificultades. Maribel inició como ayudante de cocina para un comedor en un mercado popular mientras él laboraba como albañil. Ella tuvo que trabajar más que él para cumplir la meta de construir su casa. Maribel además de trabajar debía cuidar de los hijos e hijas y preparar los alimentos. Pero los ingresos no eran suficientes, así que para conseguir dinero extra Maribel decidió “echar” tortillas para vender, el alimento principal de la dieta de los hondureños y hondureñas, muy popular en la tradición culinaria de Mesoamérica, sin embargo una tradición sostenida por mujeres, la mayoría pobres. “Con este ingreso de las tortillas ajustábamos para pagar el solar y no dejar de comer”, comparte Maribel.

Soportó tanto, como miles de mujeres en Honduras

El deseo de lograr una mejor condición de vida llevo a  Maribel a migrar con Francisco, en una relación donde la violencia y el control estuvieron presentes, hasta causarle los más grandes sufrimientos. Largas ausencias marcaron la rutina de su vida. Él se iba y venía cada dos, a veces hasta cuatro semanas de casa. Se marchaba sin previo aviso y su retorno siempre venía acompañado de silencio, cómplice de otra relación oculta. Maribel temía que Francisco estuviera con otra mujer, más sin embargo callaba. El miedo de perder su techo y su dependencia económica la obligaban.

Maribel tuvo 2 hijos con Francisco: Dany de 17 y la pequeña Lourdes de 8.  Dany trabaja como ayudante en una ferretería y la pequeña Lourdes hoy sueña con ser artista, le gusta mucho pintar en la escuela. Cuando Maribel y Francisco se conocieron ella ya era madre de una pequeña, Yolibeth, hoy de 19. Sus hijas e hijos han sido la razón de ser de Maribel, anteponiendo incluso hasta su propia vida para protegerles y sacarles adelante, tal como hizo su madre.

Un día Francisco regresó a casa con un varoncito de 6 años, el pequeño David. Era la primera vez que para Maribel eran evidentes las infidelidades de su pareja. Nunca se le mencionó sobre la existencia del pequeño ni quien era su madre,  sólo fue obligada a acogerlo bajo su techo y a criarlo como hijo propio. “Aquí te traigo para que lo cuides”, le mencionó Francisco cuando le trajo a casa hace 16 años. Ella acepto sin oposición y nunca privó al pequeño del mismo amor y cuidado que brindó a los demás. “No podía decir que no, él pequeño no tenía la culpa de lo que hacía su padre”, relata Maribel.

 “Hoy David ya está grande. Tiene 22 años y está casado. Me sigue llamando su mamá aunque sabe que yo no lo parí”, comparte pausadamente, denotando breves recuerdos alegres.

Mientras tanto Francisco se siguió ausentando de casa.  Maribel sabía que él estaba con otra y lo seguía tolerando, colocando a sus hijos por encima de las desazones de su pareja. ¿Cómo fue posible que aguantara tanto? “Lo hice por temor a perder mi techo, lo hice por mis hijos e hijas”, menciona con mirada cabizbaja.

Con el tiempo Francisco comenzó a ver algunas mejoras que la humilde casa iba adquiriendo, la mayoría producto del esfuerzo de Maribel. Una tarde unos políticos en campaña electoral le prometieron a Maribel mejorar el piso de su vivienda a cambio de su voto. Fue en las elecciones del 2006, la única vez que llegaron y no volvieron a asomarse. Agradeció el interesado gesto, pues en época de lluvia su casa derrapaba entre el lodo que dejaban las tormentas. Mientras tanto Francisco había decidido por si solo vender la casa para irse con otra. Ella le suplicó que no la vendiera, que si lo hacía “nos quedaríamos en la calle y además la casa era de todos, pero él no lo aceptaba”, recuerda con tristeza.  Ante la insistencia de vender lo que había costado construir, Maribel le reclamó fuertemente y por primera vez tuvo el valor de correrlo de la casa. Él tomo sus cosas y nuevamente se fue. Ese día ella esperaba que fuera para siempre.

La mañana que le arrebataron sus esperanzas

La mañana de un 9 de abril del 2007 Maribel hacía tortillas para la venta del día,  mientras tanto alistaba a la pequeña Lourdes para ir a la escuela. Era muy temprano en la mañana, alrededor de las 6:00 AM. De repente, una sombra se asomó al interior de su vivienda, era Francisco, con machete en mano. Maribel lo percibió con sorpresa y al ver el machete tuvo una extraña sensación, pero en un rincón de su memoria Maribel recurrió a la normalidad con la cual Francisco retornaba a casa, quizás regresaba arrepentido, pensó. Maribel le ofreció de desayunar y una taza de café recién hecho, pero Francisco no respondía, permanecía estático, sin mencionar palabra. Ante su negativa, Maribel siguió con su trabajo, volteando las tortillas del fogón ubicado en la entrada de su casa. Ahí mismo llega la gente a comprar sus tortillas recién salidas del comal. Maribel una vez más se dirigió a su pareja y le ofreció nuevamente desayunar, sorpresivamente Francisco comenzó a titubear y a mover sus labios. Sin embargo nunca espero salir de la boca de Francisco, el padre de sus hijas e hijos, las palabras que marcarían el resto del día y su existencia: “La verdad es que sólo vengo a matarte” y acto seguido se abalanzó sobre la indefensa mujer, propinándole varios machetazos, primero en sus manos y luego en su cabeza. Esa mañana Francisco estaba dispuesto a cumplir su objetivo, quitarle la vida a Maribel para vender la casa y empezar otra vida con otra mujer. Su ímpetu femicida se detuvo cuando pensó que había logrado su cometido. Así como llegó, repentinamente, abandonó la casa, como si nada hubiera pasado. La pequeña Lourdes, quien tiene un vago recuerdo del dantesco suceso, estaba oculta bajo una mesa, lo presenció todo. Cuando vio que su padre había desaparecido, pidió auxilio. Maribel yacía inerte en el suelo, desangrada, inconsciente. El ejercicio de poder y violencia machista en su máxima expresión, parecía haber triunfado.

Ante lo sucedido los otros hijos que estaban en casa trataron de auxiliarle. Unas vecinas cercanas al escuchar los gritos corrieron a ver qué sucedía. Vieron a Maribel tirada al suelo, la envolvieron en una sábana y la montaron en un pick-up rumbo al Hospital Escuela. Al llegar al centro hospitalario, los sentidos de Maribel parecían traicionarle y quitarle sus últimas esperanzas. “Yo escuchaba todo lo que decían los doctores, ya déjenla que se va a morir”, recuerda. Fueron momentos de angustia. Estuvo 3 días hospitalizada luchando por su vida. Cuando estuvo fuera de peligro, fue trasladada a un internado por 2 meses donde una doctora atendió diariamente sus heridas. No podía regresar a casa aún, existía el riesgo de que Francisco retornara a terminar lo iniciado.

Maribel requiere de prótesis
Una sociedad machista que adeuda cada vez más a las mujeres en el país


La violencia machista es un hecho cotidiano en Honduras. Según el Observatorio Estadístico del Ministerio Público, para el período 2008 – 2012 se registraron a nivel nacional 121,270 denuncias relacionadas con actos de violencia contra la mujer. Durante 2013 un promedio de 9 agresores al día fueron registrados en la misma institución. Ese machismo no distingue nivel de educación ni clase social. Médicos, abogados, periodistas y policías encabezan la lista de denuncias por violencia de género en dicha institución.

Pero sus nombres no pueden revelarse ya que la cámara legislativa saliente decidió reformar el artículo 23 de la Ley Contra Violencia Doméstica, reforma que ahora prohíbe revelar identidades. Dicha reforma es considerada por las organizaciones de derechos humanos una limitación más a la libertad de expresión, otro obstáculo para exigir justicia, una ventaja más para los agresores. Al parecer también hay políticos en la lista.

Los femicidios van en aumento cada año. De acuerdo al Observatorio de la Violencia de la UNAH, aunque la tasa de homicidios se redujo en un 5.8%, pasando de 85 a 79 por cada 100 mil habitantes, en relación a los femicidios estos registraron un alza en 2013. El año pasado se reportaron 636 femicidios por el organismo universitario, un aumento del 9.4% en relación al 2012, donde se reportaron 606 mujeres asesinadas. Según la directora de dicha institución, Migdonia Ayestas “A nivel nacional, la violencia contra las mujeres y particularmente los femicidios, constituyen una problemática de dimensiones alarmantes, muestra de ello es que según el análisis realizado por el Observatorio de la Violencia a nivel nacional, los femicidios representan una tasa de 14.2 por cada cien mil habitantes”.

La Tribuna de Mujeres Contra los Femicidios, una coalición nacional de organizaciones en Honduras, denuncia permanentemente que la violencia y los femicidios en Honduras se han incrementado por la ausencia de una respuesta del Estado con los compromisos adquiridos a partir de los convenios internacionales para erradicar la violencia contra las mujeres, además de las prácticas discriminatorias de quienes imparten justicia en el país. Esto se vuelve evidente en la ausencia de investigación y del debido proceso para aplicar castigo a los responsables de estos crímenes, lo que representa el consentimiento tácito- cultural que permite y justifica los crímenes contra las mujeres.

Su testimonio es el de cientos de mujeres

Hace casi 6 años Maribel corrió con suerte. Le esperaba otro camino y no un sepulcro, ahí donde desafortunadas cientos de familias sepultan las vidas de aquellas mujeres que no sobreviven al femicidio. Maribel sobrevivió ante la violencia manifiesta en las relaciones desiguales de poder entre Hombres y Mujeres, que las controla y las oprime. Esa violencia que les ha arrebatado la vida a más de 3 mil mujeres en la última década.

El coraje de vivir de Maribel es contagioso. En octubre pasado compartió su historia con una reconocida cantante británica que visitó Honduras, Paloma Faith, invitada por Oxfam y la Campaña Contra los Femicidios. La artista quedó impactada con su testimonio el cual representa la vida de miles de Maribeles en Honduras. “Obviamente hay un problema de violencia doméstica en todo el mundo, pero en Honduras es más grave debido a que el sistema de justicia no actúa a favor de los derechos de las mujeres”, fueron las impresiones de la artista.

Su agresor, su ex pareja, sigue en total libertad en algún lugar del interior del país. Él tiene orden de captura pero nunca fue detenido. Maribel escapó de convertirse en una de las 54 mujeres asesinadas al mes en el país. Él engrosa las cifras del 98% de casos donde no hay justicia.

Hoy Maribel es el testimonio viviente de cómo el machismo y la impunidad impacta en la vida de las mujeres hondureñas.

El apoyo más necesario: Justicia

Algunas instituciones estatales le apoyaron al inicio de su recuperación. Para regresar a su casa necesitó resguardo policial para protegerla a ella y su familia. Dos policías se turnaban durante el día. Así fue por algunos meses. Pero cuando aconteció el golpe de estado en 2009 volvió a quedar desprotegida y se olvidaron de ella.

En las navidades del 2013 le visitó Ana de Hernández, la recién electa Primera Dama. Le donó un techo y piso nuevos, además de una máquina eléctrica para hacer tortillas. Sin embargo la máquina nunca pudo utilizarla a falta de un contrato el cual le prometieron pero nunca llegó. Hace 3 días llegaron a quitarle la máquina. “No podía usarla sin un contrato, no podía costearla. Aquí en la zona la gente no compra tortillas de harina, prefiere las tortillas de maíz tradicional”, menciona Maribel.

Dicha máquina también le acarreó gastos imprevistos. “Sólo un día que probé la máquina a ver si funcionaba, la factura de luz subió a 540 lempiras (27 USD). Normalmente sólo pago 70 (3.5 USD) al mes. Ahora mi hermana se ha comprometido ayudarme a pagar la factura”, comparte un poco preocupada. Su hermana, Mirna, se mudó al barrio hace un par de años para apoyarle en la casa y con la venta de tortillas.

Mientras tanto, Maribel sigue elaborando tortillas de la manera convencional, como si no le hubiera pasado nada a sus manos, pero su condición física y el contexto económico han impactado en su economía. “Hay veces que vienen niños a comprar tortillas y me quedan viendo rara. Se asustan cuando me ven trabajar sin mis manos”, precisa Maribel. No niega estar contenta de tener un poco de apoyo y que se haya mejorado su casa, pero aún falta algo esencial.

Hoy sobrevive sin sus dos manos y el apoyo de las otras mujeres de su familia: sus hijas y su hermana. Organizaciones humanitarias también han realizado acercamientos y mostrado algún interés en apoyar a Maribel con prótesis para sus manos, pero no ha sido nada concreto. Las prótesis le ayudarían a no seguir dependiendo gran parte de su vida de las mujeres de su entorno y sus hijos, quizás darle mayor libertad a su hija Yolibeth, quien siempre parte los bocados a la hora de la comida y alimenta a su madre. Sin embargo Maribel aún vive con el temor de que Francisco vuelva por casa a quitarle la vida, por eso además de las prótesis lo que Maribel más anhela es justicia. Quizás no le devuelva sus manos, pero si la esperanza de vivir sin miedo. 



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