Femicidios. gritándole a la vida

Publicado el Domingo, 30 de Junio del 2013 en Comunicados de Prensa (TA), Blog Campaña Nacional Contra los Femicidios Mónica Maureia/Observatorio de Género y Equidad de Chile

Femicidios. gritándole a la vida
Por Mónica Maureira M, periodista feminista 

Columna escrita para el Observatorio de Género y Equidad

Las cifras siempre son frías cuando pretenden dimensionar la violencia de género que recae contra las mujeres. En especial cuando los números se comparan entre un país y otro; entre una institucionalidad y otra, con disparidades en el acceso al poder, a la información y a los recursos humanos y financieros. Hace pocos días se publicó que en Chile se cometieron 29 asesinatos de mujeres por razones de género, en lo que va de 2013. Quizás con menos seguridad en la información (ya que en el caso de Chile la fuente es la CEPAL) en Honduras, los femicidios ya se elevan por sobre los 200.

La disputa por las cifras no respeta fronteras. Y si bien son las referentes para impulsar las demandas y denuncias en materia de Derechos Humanos de las mujeres, lo cierto es que para las organizaciones de mujeres y feministas, las frías cifras son insuficientes para hacer memoria a la vida perdida de una mujer en manos de la violencia machista y misógina.


Sin escudriñar en los orígenes de las estadísticas, en Honduras los femicidios han aumentado en un 300 por ciento. Los promedios indican que 51 mujeres son asesinadas al mes; una cada 15 horas. La impunidad en los casos de sus asesinatos por el hecho de ser mujeres bordea el 98 por ciento. La impunidad se refleja en la inexistencia de políticas públicas que permitan la denuncia y la asistencia oportuna, en la investigación deficiente y negligente, en la no aplicación de la justicia, silenciada por la ausencia de castigo a los victimarios, los prejuicios y, finalmente, la naturalización de la violencia contra las mujeres a los ojos de la permisividad del Estado.


Para denunciar esta violencia estructural y sistemática, pero creciente desde el golpe de Estado de 2009, diversas organizaciones de mujeres y feministas, articuladas bajo la Tribuna de Mujeres iniciaron un proceso tendiente a visibilizar la violencia de género. Una primera etapa concluyó hace unos días con la instalación de un Tribunal Alterno contra los Femicidios, donde se revisitaron tres casos reales y emblemáticos de asesinatos de mujeres, ya revisados por la justicia nacional. Los fallos y recomendaciones son contundentes; firmeza que, como las cifras, tampoco conoce fronteras.


Los fallos y las recomendaciones del Tribunal Alterno obligan y mandatan al Estado de Honduras a cumplir con sus compromisos internacionales, en materia de Derechos Humanos, y a re-estructurar de manera radical la forma de investigar y dar justicia a las mujeres víctimas y sus familias. Pero también interpela, remece y desafía a la sociedad hondureña, en general, y a las organizaciones de derechos humanos y de mujeres, en particular, a ejercer un papel más fiscalizador, atento a los hechos de discriminación, violencia y odio que se ejerce y aplica en contra de las mujeres.


Obliga y mandata a la comunidad internacional (en ocasiones ingrata e indiferente hacia la realidad de las mujeres) en la responsabilidad compartida y tácita que existe de proteger los derechos humanos de las personas, sin distinción de género. Lo anterior vincula y compromete también a la cooperación internacional a ser eficiente y efectiva en la entrega de recursos a los Estados y a la sociedad civil en pos de este compromiso. Lo anterior implica pedir rendición de cuentas sobre ello.


El desafío para la ciudadanía y la sociedad civil radica en no ser complacientes ante la violencia de género, en sembrar una voz de alerta ante la naturalización de la discriminación y violencia contra las mujeres en el cotidiano, el lenguaje y en las definiciones políticas y económicas que involucran ciertamente al gobierno, con énfasis en el poder judicial y legislativo de Honduras. Mensaje que sin duda se replica para otros países también.


Es la naturalización de la violencia contra las mujeres, la permisividad con la que se acepta la violencia de género, la que engrosa y fortalece los niveles de impunidad que registra Honduras. Se trata de un círculo vicioso, a más impunidad mayor naturalización de la violencia. Si no hay verdad, no hay reconocimiento y no hay justicia, y ciertamente, no habrá ni reparación a las víctimas, a sus familias y seres queridos.


Este Tribunal Alterno es sólo un grano de arena en ese camino, en esa lógica. Se reconstruyeron los hechos, revisitado los casos para decirle al Estado de Honduras (y por qué no a todos los estados de la región y del mundo) que su deber es aplicar justicia por la vía que señala y describe el desarrollo internacional de los Derechos Humanos y de los Derechos Humanos de las mujeres. Por sobre todo, este Tribunal ha sido un acto de reconocimiento a las mujeres que no sobrevivieron a la violencia de género y a sus familias. También a las sobrevivientes. Ese reconocimiento y grito a la vida que no se compensa con el análisis de las frías cifras. Reconstruir qué y cómo sucedieron los hechos, desde una perspectiva feminista y de género es una contribución para decir más firmemente "no más".

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